... En el gimnasio de su casa, cada estiramiento parece parte de un ritual personal, sus calzas se mezclan en curvas. Cuando baja al piso, arrodillada y con las manos firmes sobre la alfombra para estirar la espalda, siente que el momento se vuelve más intenso. Ahí es cuando Ryan aparece, casi en silencio, observando la escena con una atención que no necesita palabras. Él sabe cuándo intervenir, ya sea para corregir una postura… o para sumarse a un “tercer tiempo” que no figura en ninguna rutina oficial.
Ella siempre sabe como despertar el interés, y que contarte cuando hizo un trío de esos que te dejan la cabeza rebotando.