Cuando suena el agua las ganas de ir a ver ganan.
... Justo cuando la tensión empieza a subir, aparece Amalia, la compañera de alquiler. Viene de entrenar, sudor perlado en el escote, respiración agitada. Sus calzas, más ajustadas que promesa incumplida. La presencia de Amalia enciende una chispa... pero no la correcta. Amirah estalla, lanza un grito y se va dando un portazo. Amalia, ajena —¿o no tanto?—, avisa que va a ducharse. Jordi, ahora libre, se queda pensando. Las ganas estaban... solo que no eran para quien debía. Y Amalia aún no cerró la puerta del baño. ¿Casualidad? Difícil.
Y que verl en la ducha pechos mojados es algo que no se puede controlar, mira a Abella alquilar departamento con todo incluido.
Dato curioso: Las calzas ajustadas se originaron en el siglo XIV como ropa masculina en Europa. Hoy son símbolo de comodidad... y en algunos casos, de distracción estratégica.