... Scott, el masajista, entendió la misión: relajar músculos y borrar nervios. Con cada gota de aceite, el ambiente se volvió más ligero y la risa de Megan apareció como alivio. Pero esas manos intrépidas amasando nalgas empezó a desatar una serie de emociones que le costaba manejar. El aceite la pone cachonda, ese reláx profundo ha soltado hormonas a reclamar que sea con final feliz.
No es la primera que no logra superar este momento, como aquella española que se calentó con los masajes.