Cuando la otra es mas que otra, morboso momento.
... McKenzie no se esconde. Ni disimula. Aprovecha cada ausencia como una oportunidad. Y hoy, como tantas otras veces, la sala se convierte en territorio ocupado. Sin excusas. Sin culpas. Solo deseo. Pero esta vez, hay un cambio. La esposa vuelve antes de tiempo. La puerta se abre. El escándalo es inmediato. Gritos, reproches, traición en vivo. Pero Will no se detiene. McKenzie tampoco. Y lo más inesperado: la esposa, entre furia y confusión, no se va. No hay lugar para la lógica. Solo para el morbo. Y para lo que pasa cuando ya es demasiado tarde para dar marcha atrás.
No es la única que invade, tampoco la única que se queda mirando, mira a esta otra madre usurpadora haciendo exactamente eso y por el mismo lugar.