Fugitiva hermosa vivirá una experiencia de adrenalina y placer.
... Corrió hasta que los pies le sangraron y entró a la primera casa con puerta sin traba. Clásico suburbio: muebles beige, aroma a “vida perfecta”, y cama con espacio justo para una fugitiva de metro cincuenta. El problema: quedó trabada. El mameluco naranja le trepaba las caderas, la camiseta pegada al torso. Sexy de lejos, desesperada de cerca. Jayden la vio y ni sospechó. Pensó que era su novia, jugando a ser “la mala”. Todo encajaba en su cabeza menos la verdad. Lulu, inmóvil, solo pensaba: o esto termina en beso… o en noticiero. Y ninguna opción era ideal.
Claro que la libertad vale oro cuando no la tienes, mira como agradece esta otra fugitiva al hombre que la ayudó.