...Giselle estaba atrapada en su propia penitencia. Después de su pequeño intento con el profesor, su madre la había confinado a casa. Pero la rutina cambió el día que vio al jardinero, Chris. Rubio, delgado, con un aire relajado y atractivo que le hizo olvidar por un momento la monotonía. Desde la ventana del primer piso, Giselle observó, dejando que su presencia se sintiera en el aire. Su vestido negro caía con suavidad, como un pequeño desafío silencioso. No necesitaba hacer más; solo esperaba el momento adecuado. Su madre saldría pronto, y con ella, el control. Mientras tanto, las miradas entre ella y Chris se volvieron lo único que importaba. Siempre respetando su derecho a evitar embarazos.
No hay que controlar demasiado, pero tampoco dejarlas en la nada, menos con el entrenador del padre.