Sophia y Van acababan de casarse, y la fiesta ya parecía un recuerdo lejano. La última parte de la celebración no necesitaba testigos. Con su cabello rubio perfectamente planchado y sus ojos azules brillando con intensidad, Sophia se detuvo frente a Van, su figura envuelta en un conjunto blanco que dejaba poco a la imaginación. El vestido ya había desaparecido, los invitados también, y el silencio entre ellos era el preludio de algo más.
Solo quedaba ellos dos, y un deseo compartido: convertirse en padres. La urgencia de ese deseo flotaba en el aire, una necesidad mutua de dar el siguiente paso, de pasar de lo festivo a lo real. Sin nada que los separara, el momento era ahora o nunca. Lo que había comenzado como una celebración, se transformó en un encuentro privado, donde el destino de ser padres no podía esperar.