Kenna sabía cómo jugar. Con su cabello rubio, ojos claros y curvas que desbordaban suavidad, propuso un juego de roles que él no pudo resistir. En la cama, la atmósfera se cargó de una tensión que no podía ignorarse. Bajo las sábanas se metió para ir directo a proponer las reglas del juego, ella manda.
Parada junto al pie de la cama, con una sonrisa traviesa, dejó que el disfraz se deslizara hasta el suelo, revelando su silueta perfecta. Cada movimiento suyo era una promesa, una invitación al deseo, como si cada centímetro de su cuerpo estuviera diseñado para romper cualquier control. El aire se volvió espeso, como si los segundos se alargaran, y en ese instante, la tentación no tenía más reglas que las que ellos mismos decidieran.
Claro que algunas conejas buscan premios mas grandes, como Kyler Quinn.