Serena ya se sabe de memoria el sonido del pestillo del baño a las 6:45. Siempre Ethan, siempre antes, siempre tardando. No es espuma de afeitar lo que le roba tanto tiempo. Un día no golpea, porque la paciencia también tiene ciclos, y abre la puerta sin permiso ni vergüenza. Lo encuentra en una sesión privada, concentrado, como si estuviera en una cumbre espiritual. Serena, con shorts rojos y una camiseta que sería buen estímulo para terminar rápido, ofrece su ayuda con una eficiencia tan práctica como peligrosa. Pero justo cuando la coreografía empieza a ponerse interesante, las voces de sus padres rompen el clima. Silencio. Miradas. Suspenso en toalla. Nada que no se pueda retomar después, con menos testigos.
Y hay mas mujeres expeditivas como esta, el caso de la niñera que acepta que el jefe endeudado cancele de otra forma.