El periodismo ético se fue por un café... y no volvió. Ella, periodista de lengua afilada y vestido anaranjado más corto de lo permitido, tenía una misión: entrevistar al actor porno del momento. Pero claro, ¿cómo mantener la compostura cuando lo has visto más veces sin ropa que a tu propio novio? Las preguntas eran profesionales, pero su mente... no. Cada respuesta de él traía un flashback digno de censura. Y mientras él hablaba de “trayectoria”, ella imaginaba posiciones. ¿Quién diría que una entrevista laboral terminaría con el micrófono rodando al suelo? A veces, el reportaje no se escribe... se vive. Bienvenidos a la frontera entre la ética y el deseo..