El cajón a medio abrir, algo rojo llama su atención, casi se va, pero esa nariz inquieta lo va a meter en muchos problemas. Oliendo el hilo dental rojo lo pilla Mandy quien le va a dejar en claro cuales son las reglas de la casa. Primero, no oler sus tangas, segundo aceptar las consecuencias de hacer excitar a una madura como ella. Ahora si, ya saben, la próxima vez que esculquen en el cajón de una chica, preparensé para hacerse cargo. Claro que no es el único que ha caído en la tentación de la ropa interior.