El cliente entró, nervioso, mirando de reojo las estanterías sin imaginar que podría terminar teniendo sexo en la tienda. Sydney, la vendedora, una rubia de curvas perfectas y mirada cautivadora, se acercó con una sonrisa suave. Con voz dulce, le preguntó qué buscaba, dejándose notar la sutil proximidad de su cuerpo. Al instante, sus dedos tomaron un encaje delicado de la estantería procurando que vea como caderas estiran la falda. Él solo dice, tengo novia, yo también contesta la mujer de treita y pico, pero nervioso solo quiere pagar y huir. Será al darse vuelta que la ve, luciendo el mismo conjunto que está po comprar ¿Hasta donde llegarán?.