Dana no podía resistir más. Las fantasías la consumían, es hora de dejarlas tomar el control. Después de un baño caliente, eligió su conjunto favorito: una minifalda y un top rojo que la hacían sentir imparable. El hotel era el escenario perfecto. Entró en la sala, el aire cargado de anticipación, cuando lo vio: un hombre apuesto jugando al pool. Roces de cuerpos, sensualidad en movimientos, afirmar el trasero al pantalón del caballero, señales claras. Irán directo a la cama, locos por lo mismo, ninguno de los dos sabe como se llama el otro, pero ambos quieren lo mismo, sexo.