Juan ha sido castigado por usar el auto sin permiso, debe limpiar, ordenar y encima aguantar las burlas de Ameena. No solo se le ríe, cuando le toca lavar la ropa, la joven le arroja su tanga usada para que la lave. En cuanto lo deja solo comienza a meter nariz como si fuera un perfume francés que le hace volar la imaginación a un modo muy realista. Al volver a la razón se da vuelta y ve a esa belleza de largos cabellos negros invitándolo a jugar con ella. La pasará genial, pero será verdad o solo aun no ha despertado!.