Muchas familias deben lidiar con hijas descarriadas, pero mirar como el jardinero se la monta en tu casa tal vez sea demasiado. Penelope Kay no es mala, pero trae a mal traer a Eric que ya no sabe como manejarla. Por suerte está el gentil Ramon listo para saciar ese espíritu libre lleno del deseo de duros pepinos. Con resignación se quedará mirando y hasta hablará mientras ella no para de gozar...