Nada peor que soportar jefas autoritarias en el trabajo, esas que se desquitan con el personal a cargo. Brooklyn Chase está de mal humor pues no tuvo sexo durante el fin de semana y decide llenar de trabajo a sus empleados. Acto seguido se va a su oficina a hacer un intento de relajación metiendo dedos en entrepierna. Segundos después la reacción de Keiran no se hace esperar ingresando sin golpear a la oficina de la mandamás. No tarda en darse cuenta que se trata a una mujer con necesidades insatisfechas y de un tirón le arranca los botones. Ahora si, empieza a relajarse, sentir el palpitante perno en la boca la convierte en obediente y mansita.