No quiere esperar a competir, un atajo al éxito debe tomar...
... Ella sonríe, se quita la ropa frente al entrevistador —todo queda registrado, claro, es parte del proceso— y se prueba las calzas como si fueran una extensión natural de su piel. Toma sus propias medidas, posa con soltura, gira, estira, seduce sin decir una palabra. El veredicto es típico: “En unos días te avisamos.” Pero Emma no vino para esperar. Con una mirada directa y la mano estirada, propone una alternativa. Una que acelere los tiempos... y caliente los ánimos.
Las calzas, o leggings, fueron diseñadas en los años 50 para el ballet. Luego la impusieron las trabajadoras de la calle escandalizando al mundo. Hoy son ícono de sensualidad y comodidad.
Y si, verlas con calzas dan ganas, eso de ver como se dibuja el cuerpo es algo que ningún hombre puede ignorar.