Estimulando el deseo, trasluciendo lo que lleva bajo la ropa.
... Se acerca a Jmac con voz dulce: “¿Me hacés uno de esos masajes que sólo vos sabés?”. Y claro, ¿quién le dice que no?. Se recuesta en la camilla, la tela del vestido cede, la espalda queda a la vista... y el ambiente cambia. Las manos empiezan suaves. Pero el deseo, no tanto. Ese masaje no va a relajar músculos... va a despertar ganas. Y ella lo sabe desde que tocó la puerta.
Ya de por si es algo que se lleva miradas, una mujer de blanco, trasluciendo ropa interior provoca, pero cuando es la piel la que se marca, enloquece.