Encuentro romántico, el vestido cae, tanga le sigue, relajación.
...La cocina se llenó de sol... y de ganas. Dez, rubia, joven, con un vestido blanco cortito, abre la heladera y saca un vaso de jugo. Hora de desayuno, pero Brock no tiene hambre de fruta: tiene hambre de ella. La mira como si fuera la primera vez, se le acerca, la besa sin pedir permiso... y ahí ya no hay vuelta atrás. Masajes, le susurra él, como quien ofrece algo inocente. Pero Dez ya sabe a qué juegan. Ese tipo de masajes no se piden por espalda tensa. Se piden cuando el cuerpo pide otra cosa... Y en esa cocina, entre jugo, sol y deseo, lo que empezó como desayuno... termina siendo puro placer.
Pocos se pueden mantener al margen cuando los masajes llegan, mira a esta sorpresa para la guapa.