Una esposa insaciable, autorizada a tener amantes.
... Él, devoto a su felicidad, aceptó su naturaleza insaciable con una sola condición: él elegiría al afortunado. Esta vez, le prometió uno a la altura, literalmente, con músculos, presencia y argumentos que no se discutían. Leana se preparó como si fuera una ceremonia. En el baño, entre medias, portaligas y encaje rosa con toques de violeta, su reflejo parecía más una fantasía que una mujer real. De espaldas a la entrada, sublime y tensa, sintió la puerta abrirse, su tanga incrustada todo decía. La historia no empezaba en la cama… empezaba justo allí, donde la espera se volvía parte del placer.
En otros casos, las autorizaciones de infidelidad, van por un ojo por ojo, veamos a este hombre teniendo sexo con la amiga de la esposa.