No hay dolor, hay ganas de pasión, pero la escusa es perfecta.
... La camiseta celeste ajustada, su silueta perfectamente distraída y esa sonrisa que lanzaba justo cuando Kai pasaba cerca… todo estaba coreografiado. Horas después, como quien no quiere nada, entró a la habitación donde él la esperaba. “Me duele el cuello”, dijo, con tono de inocente molestia. Kai, por supuesto, no se negó. Pero ambos sabían que ese masaje no era terapia muscular. River no quería relajarse… al menos no en el sentido convencional. Y él, bueno, está ansioso de ver el bronceado del bikini una vez mas.
Técnica muy usada, pero no la de masajes, sino el yoga, mira a esta profe que no oculta el deseo de placer.