Una mujer dispuesta a hacerse cargo de lo que causan sus gemidos...
...Elias no podía levantarse. Literalmente. Dos razones: estaba agotado... y tenía ese problema matutino que los hombres conocen bien. La culpa era de Texas. O más bien, de los ruidos que hizo anoche con su pareja en la habitación contigua. Gemidos sin filtro, carcajadas entrecortadas y ese golpeteo rítmico contra la pared que ningún acolchado podía silenciar. No durmió. Pero no por insomnio. Era envidia pura y física. Y ahora, el bulto bajo las sábanas lo delataba sin pudor. Cuando Texas entró a despertarlo, lo notó al instante. Una ceja levantada, una sonrisa maliciosa, y esa mirada que no preguntaba: afirmaba. Destapó el problema para ver el resultado de su propia obra. Solo la misma acción de ayer podrá devolver el modo normal a esa cosa.
No es común que suceda, o si, bien, acaso importa, si te gustó eso de la novia del padre, mira a esta sin tanga ardiendo por atrás.