Ella giraba en el caño con la precisión de quien conoce su cuerpo como una coreografía secreta. Bikini rojo, coleta rubia, músculos marcados por horas de esfuerzo y miradas invisibles. Cada movimiento parecía calculado para ser casual. Después, junto a Marcello, cambió la piel por calzas negras. El entrenamiento fue técnico… demasiado técnico. Él corregía posturas. Ella, respiraciones. Subió a la habitación buscando distracción. Pero lo vio: él, en la piscina, el agua dibujando cada línea. Toalla su único abrigo, bajó. No pensó. Solo bajó. El piso caliente no dolía. Y aunque la piscina era grande, en ese momento no lo parecía. Porque lo que ella buscaba no era refrescarse. Era entrar en calor.
Siempre encuentran la forma, si les gusta el entrenador, intentarán, algunas como Mia otras con shorts enterrados.