Chloe siempre fue una niñera astuta, con manos tan sigilosas que nunca dejaban rastro. Cada casa que cuidaba era una oportunidad para llevarse algo, pero sus patrones millonarios tenían tanto que ni se enteraban. Siempre fue mala, pero con el Sr. Davin, algo era diferente. No quería robarle. Quería ser descubierta. Quería el castigo. Los hombres morenos y musculosos, como él, eran su debilidad, y el Sr. Davin encajaba perfectamente. Su vestido floreado, su cara inocente, y esos ojos verdes... todo lo que necesitaba para que él cayera en su trampa. Chloe no buscaba dinero, solo una razón para que él la atrapara en el acto, para que él la castigara como ella deseaba. Encantada aceptó nalgadas, esa que no duelen, excitan...
Mientras tanto, otras niñeras son honradas, pero tienen el mismo inconveniente para mantener la tanga en su lugar.