El agua cae como un telón que apenas oculta lo evidente. La ducha suena, y Harley se enciende. No necesita excusas. El conjunto blanco con lunares rojos apenas cubre su intención, perfecto trasero no es una ilusión. Camina descalza, decidida, hasta el baño, donde el vapor marca el límite entre la espera y el atrevimiento. Dan se baña en silencio, pero sus ojos hablan cuando la ve. Fijos en ella, en el contraste de su ropa contra la piel, en el modo en que se apoya contra el vidrio como una promesa. No hay palabras, solo el sonido del agua y la respiración que cambia. Él la despoja, prenda por prenda, sin prisa. Harley no tiembla. Es suya, lo sabe. Y en ese instante, el vapor no es lo único que empaña el cristal.
Siempre el agua, como una inspiración traidora, el deseo gana, no importa la edad, la pasión siempre gana.