Kai, en su apuro matutino y sin ropa interior limpia, decidió arriesgarlo todo. Jeans sin nada debajo. Mala idea. Muy mala. Al subir la cremallera, algo, su dignidad, su hombría, su alma, quedó atrapado. El grito que soltó no fue humano. Fue un lamento ancestral. London, apareció como una visión celestial en un vestido que parecía pedir auxilio por exceso de curvas. Lo encontró sudando frío, con la bragueta como enemigo mortal. Sin preguntar, se arrodilló con decisión quirúrgica y una mirada que mezclaba lástima, diversión... y burlas. Liberó lo que estaba atrapado como si tuviera experiencia en rescates íntimos. Luego, con manos expertas, aplicó hielo, compasión y algo que claramente no estaba en ningún manual de primeros auxilios. Y Kai... bueno, sobrevivió pero ella se entusiasmó mucho mas de lo esperado.
Suele pasar que aveces hacemos cosas sin querer, pero las disculpas son bienvenidas, mas cuando vienen con calzas cortas.