Paola se levantó con la cara de “yo no fui” y la conciencia en modo avión. Se puso esa camiseta que apenas le cubría las ganas y fue a la cocina. Su novio roncaba como si nada pasara, porque claro, no pasaba... todavía. En el sofá, Xander, mejor amigo del susodicho, despertó con la vista mejor que el café. La miró, la midió, y decidió que el desayuno sería esa belleza que no traía abrigo abajo, bueno, arriba tampoco. Se acercó por detrás, manos traviesas, sonrisa de pecado. Ella se giró, levantó una ceja y no dijo que no. Total, ¿quién necesita moral cuando tenés química y un novio con sueño pesado?. Historias que le pueden pasar a cualquiera, no olvides que de la muerte y los cuernos nadie se salva. Menos cuando es este mismo hombre el que dejás entrar en tu casa.