Honey salía del baño, sin esperar que Wrex estuviera allí, listo para comenzar con sus bromas. El susto fue tal que la toalla que la envolvía cayó al suelo, dejándola completamente expuesta por un instante. Lo primero que hizo fue retarlo, pero a pesar de su aparente enojo, no pudo evitar una sonrisa. Wrex tenía esa impronta única que, de alguna manera, siempre la protegía, incluso cuando la hacía saltar del susto.
Solo decirle que le gustaba lo que veía fue suficiente para que caiga de rodillas, pero la llegada del novio, dejó todo a medias. La vista que le quedó a Wrex fue mucho mejor de lo que esperaba. Honey, aunque intentaba disimular su reacción, no podía negar que disfrutaba de esas travesuras, aunque no estaba dispuesta a admitirlo de inmediato. Cada broma era una chispa de diversión que solo podría terminar entre sábanas arrugadas.
Es como si les gustara ser molestadas con bromas, recuerdo aquella rubia de ojos celestes que terminó con una gran, gran sonrisa.