Sara entró con los jeans puestos, quiere devolverlos, sabiendo perfectamente lo que provocaba. Su marido no estaba de acuerdo, pero ¿a quién le importaba? Los pantalones resaltaban cada curva, pero la hendija superior de su escote lucha por ser protagonista... demasiado reveladora para ser ignorada.
Lil, el vendedor, no pudo evitar sostener la mirada, esa voluptuosa mujer, reclamaba con todo su cuerpo. La tela ajustada y la forma en que caía sobre ella era un espectáculo difícil de pasar por alto. Intentó mantener la compostura, pero su mirada volvió, una y otra vez, a esa zona conflictiva.
Por unos segundos pensó que no iba a dar abasto, pero bien respondió al servicio de atención al cliente.