En la sala de detención, el aire estaba cargado de algo más que silencio. La alumna, rubia, con su uniforme de colegiala y brackets brillando al sonreír, se acercó al profesor Clarke Kent con una mirada desafiante.
No estaba allí para reflexionar sobre su comportamiento. Estaba allí para hacer algo mucho más interesante. Se inclinó hacia adelante, dejando que su minifalda se levantara un poco más, y con voz suave, pero clara, pidió nalgadas.
Clarke Kent intentó mantenerse firme, pero la situación lo superaba. La joven lo miraba, esperando, desafiándolo. Cada segundo se alargaba, hasta que la tensión entre ellos se hizo imposible de ignorar. Era un castigo que ninguno de los dos había anticipado, o tal vez ella si.
Hay mas chicas malas, como esa nieta que tuvo la osadía de sacar dinero sin permiso, pero la pillaron.