Daisy se toma su trabajo demasiado en serio. No solo cuida la casa, la limpia y la mantiene impecable, sino que la convierte en su territorio. Se reserva en comprotamientos o expresiones, parece ser la chica callada y obediente. Hoy, cuando Steve llega, le informa que su esposa tardará unas horas en regresar. Una sonrisa se le dibuja al ver la casa ordenada significa que la mucama está libre.
El aire se llena de tensión, paredes transpiran trampa, confabulados en que se mantenga en secreto sacarán a la luz el escondido deseo. Embargado en la emoción la acomda en su regazo, ella mira por sobre el hombro como unas nalgadas la preparan. Es momento de dejar el plumero, el escobillón, todo y tomar poseción de lo que casi es suyo.
No es la única que se deja llevar, aunque esta mucama apurada va por el hijo de la jefa.