Charlee está en el parque, con el rostro crispado, incapaz de dejar de pensar en lo que acaba de descubrir: su marido le ha sido infiel. Pero cuando Samantha, su hija, se le acerca, la conversación toma un giro inesperado. Sin ningún filtro, Sam le confiesa que tiene una predilección por ciertos chicos, esos que no tienen problemas en compartir y de grandes diferencias. Charlee la mira, confundida, hasta que la hija le lanza la bomba:
“Este chico que te digo… no le importa que lleve alguna amiga. ¿Qué te parece un pequeño desquite, mamá?”. El aire se congela por un segundo. Charlee no sabe si está escuchando en serio o si la realidad se ha vuelto completamente surrealista. Pero la idea, extrañamente, la tienta, algo así como una gran intriga.
Claro que no es la única vez que vemos a madre e hija confabuladas con un mismo objetivo.