Maitland se asoma a la ventana de su lujosa casa, con el cabello rojo como fuego y esos ojos celestes que parecen devorarte en un parpadeo. Todo el barrio habla de ella, pero nadie sabe nada de su vida privada. ¿Marido? ¿Novio? Nadie ha visto señales. Hoy, sin embargo, su presencia tiene algo diferente, algo más... atrevido. Con un top blanco mostrando oculta emoción y una minifalda de muslos a la vista, se acerca al jardín donde Dan, el nuevo jardinero, intenta, sin mucho éxito, domar el césped salvaje.
La tensión en el aire es palpable, como si el tiempo se hubiera detenido solo para observar ese encuentro cargado de una electricidad palpable. Dan, no comprende nada de lo que dice, pero responde. Ni se imagina que la mujer que tiene delante tiene las hormonas tan alborotadas que el jardín ya no es lo único que necesita ser podado. Deben ser los vientos de esta barriada, mira que le sucede a otro jardinero a pocas cuadras del lugar.