Lilly quiere que este aniversario sea inolvidable, de esos que no se cuentan, solo se recuerdan con un escalofrío. Ha decidido entregarse por completo, de una forma en la que nunca se atrevió, una profunda conexión marital. Para eso, ha comprado todo un arsenal de juguetes, lubricantes, instrucciones... y un conjunto negro de encaje que haría ruborizar a cualquiera. Las primeras pruebas, sin embargo, son una mezcla de frustración y torpeza: posturas imposibles, ruidos sospechosos, una vela perfumada que amenaza con incendiar la atmósfera, literalmente. Justo cuando piensa rendirse, la puerta se abre: Nicky, entra sin anunciarse. Lilly se congela, pero él no parece incómodo... al contrario. Su mirada dice más de lo que debería. ¿Ayuda? Tal vez. ¿Tentación? Definitivamente. Claro que nunca son ellos los que ayudan, algunas veces comparar con ayuda no viene mal.