Aun ni hizo el trámite de divorcio, pero parece que no hay marcha atrás, según ella, es oficial. Piper, en su bata de seda rosa y lencería de lujo, se mueve con la seguridad de quien sabe que cada paso es un recordatorio de su nueva vida. Está en la cocina, preparando el desayuno como si nada, pero su mente ya está lejos de los huevos revueltos. Desde la ventana, observa al chico de la piscina. Él, en su intento de recuperar el anillo que ella misma arrojó, parece torpe e incapaz de mantener el control. Piper no se molesta, parece preocupada. Cuando él cae al agua, la necesidad de "ayudar" se convierte en algo mucho más visceral. Corre, le quita la ropa empapada, la camiseta y el pantalón que la dejó cara a cara con la tentación. ¿Hipotermia? Tal vez. calor, emana bajo la bata. Aquí nace un nuevo comienzo, como el de aquella que se subió al auto del chófer.