La noche anterior, Amanda fue un espectáculo auditivo. Placer escandaloso con paredes delgadas. Lo que no sabía era que el amigo de su novio también había “participado”… como oyente de lujo. Y escuchó todo, incluso esa frase final entre suspiros: “me quedó un vacío...”
Al despertar, Amanda baja a la cocina con una camisa translúcida, lencería azul y medias bucaneras. No es que lo planee… aunque tampoco parece accidental.
Pelo corto, gesto tímido, pero con esa energía que desmiente cualquier inocencia. Y ahí está Manuel, desayunando descaro, con una sonrisa peligrosa. Le menciona, como quien comenta el clima, que está dispuesto a ayudar con lo que anoche no se llenó. Amanda tiembla, es mucho, es inesperado. Pero no dice que no.
Sucedió en esta espiral del tiempo, algo mas osado, donde es ella la que persigue y él es el que intenta escapar.