Christie se recostó en el sillón como si llevara años viviendo ahí, el vestido rosa marcando cada curva con arrogancia ensayada. El celular pegado a su oreja era su arma de confianza, y su voz, baja y envenenada, deslizaba confesiones que no debían ser oídas por nadie más. Hablaba de cifras, regalos, y un hombre viejo al que ni siquiera tenía que atender en la cama. No se trataba de amor, sino de inversión.
No notó enseguida, la silueta inmóvil a sus espaldas. Brad. El hijo. Joven, serio, escuchando cada palabra que debía destrozar cualquier imagen.
Christie colgó. notó que había alguien mas y se reinventó, se giró. Su expresión no mostraba culpa, solo decisión. Y en un acto de astucia perfecta, lo convención que estaba ahí… porque él tenía un hijo demasiado atractivo para ignorar. Uy, fluyen mas vídeos en mi mente, aquí una vividora descubierta por el hijo del novio.