Parker fue a hacer una visita inocente: saludar a Danae, la nueva pareja de su padre. Todo parecía en orden, demasiado perfecto incluso... hasta que vio eso. Un preservativo mal escondido en el tarro de cocina..
El estómago se le revolvió. Su padre engañando a una mujer tan encantadora le parecía repugnante. No tardó en contarle a Danae, con culpa ajena y una disculpa que no le correspondía. Pero lo que vino después lo dejó sin aliento.
La sonrisa de Danae no fue de tristeza, sino de complicidad. La infiel era ella. Le pidió que no dijera nada, que guardaran ese pequeño secreto. Y mientras se acercaba con esa seguridad desarmante, le propuso crear los suyos propios.
Parker dudó, claro. Un segundo. Luego, el instinto le ganó al juicio. Y los secretos empezaron a multiplicarse, justo ahí donde nunca debieron nacer. Claro que no es la única que oculta realidades y que son descubiertas.