Queenie había llegado a la cima: fama, dinero, todo. Pero en su mundo brillante y frío, faltaba lo que de verdad necesitaba: ese tipo de intimidad que ninguna portada podía cubrir. Todos sus movimientos eran observados, cada gesto analizado, y, claro, ese tipo de compañía siempre estaba fuera de su alcance. Pero había un hombre. Un hombre con el que no había nada... hasta ahora. Jax, su antiguo guardaespaldas. Sabía guardar secretos, y eso le había dado un lugar especial en su mente. Con una sonrisa traviesa, Queenie se puso el vestido azul: ajustado, corto, provocador. El tipo de vestido que grita "no he venido a hablar". Cuando llegó a la puerta de su casa, ya sabía que, aunque nada había comenzado, esta noche sería diferente. Y Jax... bueno, él nunca había visto a Queenie en ese tono. En este sitio hemos aprendido algo, no confíes a tu hermana a un guardaespaldas.