Johnny, incómodo pero intrigado, observó cómo Blake hacía de su transmisión un espectáculo de risas nerviosas y miradas audaces. Como siempre, su descaro lo hacía imposible de ignorar. Pero justo cuando pensaba que todo podría ser un juego, Blake le lanzó una mirada fulminante. Huyó, pero no cobardemente, o si, importa. Johnny se giró, un tanto molesto pero también curioso por lo que vendría después. Caminó entre las estanterías, buscando una salida, hasta que un destello azul lo detuvo. Allí estaba ella. Jenna, con su falda celeste ceñida a sus curvas, de rodillas en la alfombra. Sin palabras, dejó a la vista tanga rosa y de un movimiento alegró el día de la bibliotecaria. Como un libro de erotismo barato, en nada se sumó Blake para un encuentro de tres fulminante. No es la primera vez que esto sucede, ya saben, los libros hablan.