Jody se quedó en la sala después de que todos los demás alumnos se marcharan, su incomodidad palpable en cada paso que daba hacia el escritorio de Carina. Ella, con sus gafas puestas, no mostró sorpresa; ya conocía esas miradas vacilantes que pedían algo más que una simple corrección. Él estaba allí por una razón, y no tenía mucho que esconder. Había algo en la presencia de Carina que provocaba cambios inesperados, no solo en su estado de ánimo, sino en su propio pantalón. Su rostro, en particular, parecía no soportar la idea de ser visto por sus compañeros con una expresión transformada, distorsionada, como si la simple idea de mirarla le alterara la fisonomía. Sabía que el resto de la clase no podría comprender ese efecto. Carina, lo observó con calma, como si todo fuera una escena perfectamente entendida. No mostró ni sorpresa ni desconcierto; estaba acostumbrada a la forma en que su belleza, y quizás algo más, afectaba a las personas. Un leve gesto de su parte fue suficiente para que él entendiera que no estaba allí por casualidad. Lo que él veía como un problema era, para la maestra era la tentación. Aunque hay casos para debatir, como la maestra que recomienda a cambio de ciertos favores.