Tommy era viudo… pero no ciego. Y desde su jardín, el único consuelo real eran las vecinas que tomaban sol como si ignoraran que los bikinis tienen límites. Asomado en la puerta se emociona, Skylar en su césped recostada en bikini, una prenda más simbólica que funcional, casi tan cerca que la hubiera podido tocar. Tantas miradas furtivas terminaron como debía: atrapado con los ojos llenos de fuego y un gesto entre furia y burla. “¿Te divierte mirarme?”. Él respondió cualquier cosa, algo entre culpa y súplica. Y contra toda lógica, ella se apiadó. Tal vez por lástima. O tal vez porque quería enseñarle que mirar no era nada… comparado con vivirlo. Alguien una vez me susurró, no dejes de recomendar a esa vecina enojada que la domaron de a dos.