Nunca le pasó a la mujer del rentacar sentir tantas ganas de comerle la verga a un cliente. Sean y su compañero están alquilando una camioneta para ir a realizar una producción porno. Es cuando Sean no puede con su genio y comienza a lanzar halagos a la encargada del lugar. Experto en leer expresiones corporales se dio cuenta que era momento perfecto para sacar a relucir su dura herramienta de trabajo. Mirada iluminada al decir no se que debo hacer con eso, solo se me ocurre meterlo en mi boca. Claro que si señora!, es justo eso, a subir la falda, tanga a un costado que llegó el descanso.