Podría echar al cargoso y ruidoso muchacho, pero prefirio aprovechar esa sucia erección que le mostró en total descaro. Puede que los tatuajes de la bibliotecaria estimule el respeto, pero no sucede eso con el molesto Diego. Tal vez impulsado por el descuido de falda donde vio ese hilo masticado por suculentos papos que hizo una barbaridad. Entre medio de los libros llamó la atención de esta rubia que bien sabe reconocer cuando algo está muy duro.