Ella dice que en australia duerme desnuda, que es normal, cla, para ella, mas si tienes que compartir la habitación y ver como se saca el vestido blanco. Nadie le dijo lo buena que estaba Alana, ni siquiera le adviertieron que sus caderas podrian ocupar la mitad de la cama. El impacto fue demoledor cuando delante suyo se paró para presentarse como si fuera común ver semejante monumento. Con sus dos trezas doradas y esa sonrisa de virgen australiana logró sacarlo de su estirpe de hombre serio. Allí le contó que fue un largo viaje, que necesita dormir una siesta, que si no le molesta, se va a quitar la ropa porqiue duerme desnuda. Ya el resto no es cuento, le pasó y mirá como siguió este encuentro.