Elegancia desde los tacos hasta el último cabello dorado, un marido que ignora, o que tal vez sabe, que eso es mucha mujer para él, tal vez por eso, no puso peros cuando le dijo que iba a una gala sin él. Pero tras las puertas, donde nadie los ve, al entrar descubre que ese millonario había planeado un fiesta de dos. Por suerte estaba lista, bañada, con su mejor perfume y ese estirpe de dama. El anfitrión le entregó una caja, no dudó, salió y regresó con un conjunto erótico de diamantes. El resto es una joya que en su boca se derrite y en su entrepierna le saca los gemidos mas profundos. Uy, mirá lo que hacía antes de casarse, cuando se iba a la pileta.