... . Ella respiró hondo, dejó caer la toalla con una naturalidad ensayada y, al cruzar su mirada con la de él, perdió la compostura interna. No fue descaro, fue impacto, reflejo. Había en su presencia una fuerza descaradamente inspiradora. A veces el placer no empieza con el cuerpo, sino con la imaginación desatada en el momento menos prudente.
Así es ella, ni siquiera un club de chicos en abstinencia logró convencerla de ser mas prudente.