Un marido distinto, digamos, mira a su esposa gozando con otro.
... Si ella quiere algo, él escucha. Y accede. Como cuando Kit confesó que le había gustado mucho el conserje de la universidad. ¿Su respuesta? “Pues tráelo a casa… pero quiero mirar.” Y no lo dijo con ironía, lo dijo con calma, con esa curiosidad que mezcla morbo con amor real. Porque para él, ver feliz a su esposa es parte del placer. Algunos lo llamarían locura, otros libertad. Lo cierto es que Kit no necesita esconder nada. Tiene un matrimonio donde el deseo se habla en voz alta… y las reglas las escriben juntos. Así que esa noche, cuando sonó el timbre, el conserje no fue el único que entró. También entró una historia que no se parece a la de nadie más.
Y este no es el único caso, mira el marido de Hazel Moore mirando como le dan firme.