Para que ella pueda trabajar decide darle unos empujones, o varios...
...Seth no esperaba empezar el día con una queja de recursos humanos. Jesse, una empleada, había sido escuchada haciendo... cosas poco laborales en el baño. Sola, sí. Pero nada silenciosa. La llamó a su oficina, intentando mantener la formalidad. Ella entró sin culpa, sentándose con naturalidad y esa sonrisa peligrosa. Al preguntarle por qué lo hacía, respondió con una honestidad desarmante: él la volvía loca. No fue un juego de palabras. Fue una confesión descarada, con detalles que le hicieron ajustar el cuello de la camisa. Seth, sorprendido, se quedó sin argumentos. Jesse, en cambio, sabía exactamente lo que buscaba. Y él, por más que intentó resistir, entendió que solo había una forma de evitar que repitiera ese comportamiento. Una que no estaba en el manual de empleados.
Si bien esta no muestra una gota de pudor, recuerdo aquella avergonzada empleada a la que le encontraron un plug en el cajón.