No debió dejar a la hija sola, menos con un hombre viril en casa...
... Eric solo quería que cortaran el césped. Llamó a Ramón, el jardinero, y mientras le señalaba qué hacer, apareció Penélope, su hija, como si tuviera un radar para momentos inapropiados. Camiseta apenas presente, sin pudor y con una sonrisa que decía “bienvenido al vecindario”. El sermón fue inevitable. Eric le ordenó volver adentro, indignado. Pero ella, inocente entre comillas, respondió que solo le alegró el día al pobre hombre que estaba por podar bajo el sol. El error fue dejarla sola. Al volver con un vaso de agua y algo de calma, Eric encontró más de lo que podía manejar: Penélope, con el jardinero, en una situación que ni el pasto se atrevía a ver. Y ahí se quedó… resignado, mirando, y con el césped aún sin cortar.
Y si, estos tienen que dejar el patio impecable, pero en cuanto te das la vuelta, paf, no solo se montan la invitada, a tu esposa también.